Pedro Nel Gómez

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Introducción


 

Texto de Otto Morales Benitez

La aparición de este libro, revela el afán de presentar la obra de uno de los artistas con más facetas en Colombia. Marlo Calderón Rivera, Gerente del Banco Central Hipotecario, congregó en esta empresa al Banco de la República y a la Compañía Central de Seguros. Además, utilizó a personas de fina sensibilidad para analizarla, fotografiarla, diagramarla e imprimirla, coordinadas por Inés Gutiérrez Gómez. Esta suma de factores positivos explica la bella edición, a la cual nos enfrentamos con complacencia estética.

Para escribir los textos se escogió a Carlos Jiménez Gómez. Autor de tres libros fundamentales ?"Notas y Ensayos", "Viejo y Nuevo País" y "Retrato de Familia"? en los cuales se ha adentrado en los grandes conflictos de la patria. Para llegar a éstos, primero se detuvo en la identidad de su pueblo antioqueño. Y esta experiencia de escudriñamiento, lo llevó a hallar en las múltiples y densas manifestaciones del Maestro Pedro Nel Gómez, respuestas para sus preocupaciones. Con una concepción de que la creación espiritual ?la literatura, la música, la pintura? no puede ser para círculos exclusivistas, fácilmente se emparentó con los temas del pintor, porque éste ha querido que su arte le hable un lenguaje comprensivo a todos los colombianos. El ensayo inicial de crítica y la entrevista en la cual Jiménez recogió sutil y penetrantemente las tesis básicas del universo que mueven estética y humanamente al Maestro Pedro Nel Gómez, dan claridad acerca de lo que éste ha pintado y lo ubica en su categoría universal. Jiménez lo situó en su medio colombiano, pero desentrañándole, a la vez, la raíz de los influjos de las culturas milenarias. Gómez es un artista que viene de la universidad y participa del análisis y creación del pensamiento social colombiano y, también denuncia y evoca todos los hondos poderes telúricos que impulsan sus realizaciones.

El Maestro Pedro Nel nació en plena selva, al lado de ríos turbulentos. Su niñez la pasó entre los bosques, las montañas, los caminos, sumergido en el pleno furor de nuestro trópico. De allá vienen su devoción, su reverencia casi mística por la naturaleza y los animales. La flora y la fauna nuestras, emergen, en sus creaciones, con los colores detonantes. Eso le da riqueza a su colorido y una temperatura cálida a su pintura.

El ha aceptado su misión de colombiano auténtico. Por eso ha mirado los valles, los montes, los páramos, los mares, las selvas, los ríos, para llevarlos con autenticidad a sus obras. A la vez, ha captado el poder de la tierra y, aún más, la inclinación mística de los colombianos que, en ocasiones, llega a convertirse en expresión del sentido religioso.

El, no ha rehuido su condición de protagonista de su tiempo. Como fuera de pintor, es un ser con una amplia y documentada formación científica y cultural, en sus murales ha dejado el testimonio de los hechos históricos, de los inventos, de los hallazgos de los científicos, de los torturantes de la comunidad, frente a nuestra convulsa época.

El hombre en su arte, tiene la dimensión de lo mítico, en el incipiente y tropical medio en el cual desarrolló su acción en la época prehistórica. El valor filosófico de aquél, se puede establecer, siguiendo su acción en los diversos escenarios y etapas en los cuales lo emplaza ?siempre creador? en sus obras el Maestro Pedro Nel Gómez. Le ha preocupado pintar lo que él llama "Ia fuerza biológica del pueblo colombiano". Lo hace en sus "maternidades". Estas, en gran parte, son la ofrenda a su esposa Giuliana, compañera de afanes humanos y artísticos. Es una exaltación de su grupo antioqueño. Este, en torno de la madre, ha construido su porvenir. Ella ha sido fuerza e impulso; amparo y estímulo para las audacias creadoras. Sin ella, no pueden justificarse las hazañas en todos los órdenes: las colectivas, las creativas, las del arte, las de la literatura, las de la industria, las de su poder de irradiación en el país, en los diversos estadios. Es un conglomerado que en la madre encontró canción y audacia; poesía y sentido dramático de la lucha.

En sus retratos, al personaje le busca que revele su interioridad: en la forma como mira; en la autoridad que dimana de la postura de su mano; en el carácter de su gesto ?duro, sonreído, complaciente? que el analista descubre al detenerse en el rostro. 0, también, puede emerger del mismo grupo en el cual éste participa: el pensador, el estadista angustiado, el visionario, el terco batallador de los socavones, el científico, el místico, el intelectual que sueña frente a tan diversos avatares de su patria. Y, a veces, son figuras que se agrupan en torno a sus sueños y desazones. Sus rostros, entonces, adquieren la expresión de estrategas: de seres en acecho; de ilusionadas miradas que se levantan para otear.

La barequera, la mujer desnuda que en los ríos tropicales pelea por una pepita de oro, es un gran símbolo en sus obras monumentales. Ella entraña muchos valores: la condición de luchadoras de nuestras mujeres, que no las detiene ninguna incomodidad; el poder biológico que las mantiene vigilantes del proceso económico de sus gentes; la audacia que las conduce a la batalla, al lado de su compañero, sin pedir gabelas. Esta parte de la pintura del Maestro es inquietante, pues nos revela cómo se formó el proceso de expectativas y sueños del oro y, á la vez, cómo esa reciedumbre convierte a esas mujeres ?basta recordar el mural con su combate de las barequeras? en grupos que señalan el camino de su estirpe. A ellas las vemos, también, atravesando, con majestad desafiante, por el torrente de la aventura creadora colombiana.

Ese es el origen de la insistencia del desnudo en su producción. Allí, en los ríos de la infancia, lo observó sin malicia, sin afán de sensualidad. Por eso inunda sus cuadros. Tiene el aire de naturalidad, de postura elemental ?sin asomo de recato, ni de coquetería? que hace de él un elemento primordial, biológicamente indispensable para mostrar escenas insondables en nuestro proceso de formación. La Violencia fue un fenómeno que por sus características rompió el ritmo solidario de los colombianos. Su poder delicuescente, sigue ejerciendo su capacidad de destrucción de muchos de los valores tradicionales del país. En esta obra, ella revela uno de los simbolismos que tuvo: el núcleo familiar se defiende. Y en los rostros se hace evidente el ademán; lo mismo que el temor de lo inesperado; o el rechazo desafiante a quienes irrumpen prevalidos del poder de las armas a convertir, en ceniza y pavesa de muerte, el campo colombiano. Todo esto y mucho más, es lo que el Maestro Pedro Nel Gómez lleva a sus óleos, a sus acuarelas, a sus esculturas, a sus monumentales frescos, a sus tallas.

El Maestro, a pesar de su extensa obra, de tan variada gama de matices y de su excepcional importancia, sigue siendo un artista un poco inédito. Analizarlo exige no sólo el obedecer a los simples deleites estéticos, sino que demanda conocimiento en múltiples aspectos nacionales y en referencias a valores de la cultura universal. Se requiere identidad con el complejo mundo nuestro: su historia, sus selvas, sus ríos, los diversos trabajos y los valores intelectuales, políticos y económicos que le han dado el carácter a nuestro pueblo. Por fortuna, él ha conservado su obra, porque considera que ella le pertenece a todos los colombianos y, en tal virtud, ha organizado la "Casa?Museo Pedro Nel Gómez" ' en Medellín. Sus dos mil doscientos metros cuadrados de murales, se pueden ver en esa ciudad y, pocos, en otras partes del país. Su estudio, por lo tanto, demanda conocimientos, concentración y tiempo dentro de las propias parcelas del Maestro. Esto lo hace poca gente. De allí la importancia de este libro que comienza la tarea de presentar ordenadamente la múltiple creación del Maestro Pedro Nel. A través de volúmenes de esta naturaleza, ella nos debe enorgullecer y levantará su nombre y el de Colombia al reconocimiento universal.

 

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