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Antonio Nariño (Jeneral)
Texto de: Rasgos biográficos de los Próceres.

Hai una especie de fatalidad que, a semejanza del rayo que hunde, se descarga sobre ciertos séres humanos, implacable i severa, como las antiguas furias alegóricas, que se entretenian en perseguir a los dioses de Júpiter.

El hombre se esfuerza en vencer este monstruo invisible, i pone para ello todas las potencias de su alma i toda la enerjía de su voluntad, pero su lucha es estéril, pues que siempre queda tendido en la arena del desengaño, sin alcanzar jamas el logro de sus esperanzas.

De dónde viene tan aniquiladora desgracia ?

Es acaso la Providencia quien arroja la fatalidad sobre nuestras cabezas ?

Secreto es éste que pertenece a las rejiones de lo desconocido, a donde no alcanza nuestro débil criterio.

Pero es lo cierto que frecuentemente sucede que, hombres dotados de todas las cualidades apetecibles: valor, intelijencia, voluntad para obrar, movilidad incansable, razonamiento certero, jamas llegan al punto donde se encaminan, ni alcanzan nunca los títulos i distinciones con que suelen disfrazarse las medianías.

Semejante injusticia existe: ella persiguió a Thales, sacrificó al sublime Sócrates, hizo de Focion un demente i del admirable Nariño un mártir.

A no dudarlo, de todos los grandes hombres de la guerra de la independencia, despues del Libertador, para quien la fortuna se mostró próspera, el Jeneral Nariño es el que mas ha fascinado al pueblo, i por consiguiente el que mas interesa a la historia.

Ahora que este hombre pertenece a la posteridad, es necesario tributarle la debida justicia, que en parte le negaron sus coetáneos; justicia merecida por sus talentos, sus virtudes, su intrepidez, i sus heroicas acciones en favor de una causa que dió a la libertad un continente, llamado a figurar mas tarde, merced a las altas lecciones que nos legaron nuestros próceres, en primera línea entre las naciones civilizadas.

En el héroe de que tratamos todo era sublime, desde el instinto republicano hasta la forma técnica de que se valia para espresar sus ideas, i se reunian en él dos cualidades que rara vez van juntas: el valor i el jenio.

Brioso como Nelson, hubiera luchado en el mar, que es el campo de batalla por excelencia, intrépido ante la movilidad horrible de aquel elemento vertijinoso, con la misma presencia de ánimo que lo hiciera en tierra.

Hombre de vasta instruccion i de fe poderosa, tenia sobre los demas el ascendiente que da la posesion de sí mismo.

Dotado de una belleza varonil incomparable i carácter suave, llamaba la atencion de los que le conocian i se hacia estimar de los que le trataban.

Era el tipo del caballero romántico conteniendo al héroe i al hombre pensador.

Pero a este ciudadano le faltó suerte como a Horacio, el formidable lidiador de Trafalgar i Aboukir, i sucumbiendo a la fuerza irresistible de su destino, no pudo ir hombro a hombro con Bolívar en la gran empresa de la redencion de un mundo, empresa que Dió tanto al patriota venturoso como al infortunado caudillo, segun el juicio de los contemporáneos, un mismo puesto en el regazo de la inmortalidad.

Veamos los rasgos característicos de la vida de aquel patriota magnífico.

El Jeneral Nariño nació en Bogotá en el mes de noviembre de 1765.

Descendiente de una ilustre familia, a los doce años de edad se le inscribió de alumno del colejio de San Bartolomé, en donde estudió con gran aprovechamiento filosofía i cursó la facultad de jurisprudencia.

Mui jóven estaba cuando su fama de talentoso e ilustrado era jeneral entre los hombres intelijentes de la Colonia, sorprendiendo en varios actos públicos por su facilidad i elegancia en el decir, i el modo claro i preciso con que resolvia las cuestiones que se sujetaban a su reflexion.

Deslumbrado el Virei Espeleta con la talla moral de Nariño i el justo ascendiente de que gozaba entre la juventud, lo nombró, aun ántes de la edad requerida por las leyes españolas para entrar en el goce de los derechos de mayoridad, Alcalde ordinario de Santafé i en seguida Tesorero de diezmos del Arzobispado; empleos de mucha categoría en aquellos tiempos.

Estos i otros destinos con que el Gobierno español lo distinguió, le facilitaron algunos ahorros; i como era dominado por el amor que profesaba a las letras, invirtió todas sus economías en encargar libros al estranjero, hallándose en breve dueño de una famosa biblioteca de sabios; la mejor en su especie que entrara a la Nueva Granada en aquellas épocas de oscurantismo i de persecucion a las ciencias morales i especulativas.

Puesto al corriente del movimiento europeo, favorable en aquel entonces a la libertad universal, i nutrido a poco de las ideas de los filósofos propagandistas, sintió que su espíritu se vigorizaba cada vez mas, i comprendiendo que el progreso humano necesita del reconocimiento de los derechos naturales otorgados por Dios al hombre, empezó a sentirse fuerte, comenzando su lucha contra el despotismo.

En semejante situacion de ánimo, cuando aún nadie pensaba mas que en sufrir el látigo de la servidumbre i obedecer humildemente a los amos estranjeros, .Nariño, rodeándose de lo mas selecto de sus amigos, abrió escuela en su casa de habitacion.

Las ' Juntas de lectura,' que así se llamaban las reuniones nocturnas hechas por el procer, acabaron al fin por constituir un tribunal revolucionario, a quien el jefe, con la florida elocuencia de su palabra, comunicaba su calor, como lo hiciera poco despues Robespierre en el club de los jacobinos.

A poco se pensó sériamente en una protesta contra los tiranos de la Patria.

Inquieto Espoleta, sabiendo que las reuniones del que habia sido su protejido no solamente tenian por objeto el estudio, sino que tambien se criticaba en ellas al Gobierno, se llamaba tirano al rei de España i se hacían promesas de rebelion contra los poderes constituidos, reconvino repetidas veces a Nariño por esto, terminando por prohibir definitivamente semejantes juntas.

Apesar de esto, las reuniones continuaron sijilosamente, i el sentimiento de conspiracion siguió ardiendo en todas aquellas cabezas jóvenes, que presentian llegada la oportunidad de un movimiento que diera en tierra con una esclavitud de tres siglos.

Llega el año de 1794 i Nariño, en el frenesí de su entusiasmo republicano, deseando prestarle a su causa un importante servicio, tradujo de la historia de la Asamblea constituyente de Francia ' Los derechos del hombre i del ciudadano.'

Tal traduccion fué a los ojos de los déspotas un gran crimen ! un escándalo digno de censura i de castigo !

El traductor, al dar a luz su manuscrito, se habia convertido en un sedicioso libelista, pues que queria la República i trabajaba en favor de la libertad!

Imposible que aquellas almas, ciegas a la razon i al derecho, dejaran de pensar que era un delito el hecho de promulgar un credo basado en la igualdad i fraternidad humanas.

Nariño fué preso inmediatamente, i juzgado ah-doc se le confiscaron sus bienes i se le desterró a España.

Debido a su vivísimo carácter e incomparable audacia, se fugó del puerto de Cádiz i pasó de incógnito a Madrid; pero sabiendo que allí estaba recomendado como revolucionario pertinaz i terrible, se fué a Paris a negociar la libertad de su Patria.

Relacionado en aquella ciudad con el Senador Destut de Tracy i otros hombres importantes, fué presentado al orador Tallien, que acababa de subir al poder, teniendo con él varias conferencias relativas a la independencia de América.

Desgraciadamente no pudo obtener auxilio alguno de la Francia en favor de su empresa, a consecuencia de la situacion política en que se encontraba aquella Nacion.

En seguida pasó a Lóndres con el mismo objeto, i despues de varias conferencias con el Ministro Pitt, tampoco pudo recobrar nada de aquel Gobierno.

Entonces resolvió regresar a Santafé en 1797. Mas apénas llegó a Santamarta, fué denunciado, i preso nuevamente, se le remitió a Bocachica, en donde permaneció hasta que la revolucion de 1810 lo puso en libertad, merced a la proclamacion de la independencia de Cartajena.

Una vez libre, volvió a Bogotá, i sirviendo a su causa con recomendable decision, se dedicó a la carrera periodística hasta el 19 de setiembre de 1811, en que el pueblo de la capital lo elijió Presidente de Cundinamarca, en lugar del doctor Jorje Tadeo Lozano; nombramiento que fué ratificado por el Congreso i que Nariño desempeñó, no sin grandes azares, a consecuencia de sus ideas centralistas, hasta fines de 1812.

Durante su Gobierno tuvo lugar la guerra civil, que causó grandes males a la Patria. Guerra, dicho sea de paso, de que él no fué responsable, pues que se trataba, a ejemplo de los Estados unidos de Norte-América, de establecer la federacion, en una época aciaga para la República, cuando era indispensable la unidad en las funciones administrativas para hacer frente a un enemigo poderoso, relativamente, por sus recursos e influencias.

Nariño, hombre de principios i de espíritu profético, juzgaba que esta forma de Gobierno no era conveniente a los pequeños i pobres Estados, nacidos i educados bajo el imperio de unas mismas preocupaciones i unidos inviolablemente por unos mismos intereses; i ménos creia que semejante sistema pudiera adoptarse en una situacion peligrosa, en que eran necesarias la accion rápida i el concierto del Poder público para sacar avante una causa naciente.

De aquí la enemistad política que le profesaron el doctor Camilo Tórres i el benemérito Jeneral Baraya, que fué su contrahombre en los campos de batalla.

Esta diferencia de pareceres dió lugar, segun queda dicho, a un rompimiento entre los patriotas; lucha que terminó felizmente con las acciones de Ventaquemada, en que Baraya quedó vencedor, i de Bogotá, en que Nariño venció a su vez las tropas federalistas.

Conciliados al fin los republicanos, Nariño puso sin reserva alguna, apesar de la conducta hostil que oponian a sus patrióticas mitras algunos de sus conciudadanos, su espada, su sabiduría i su jenio, al servicio de la independencia, e inmediatamente marchó para el Cauca, que habia sido invadido por las fuerzas del sanguinario Sámano, venciendo al ejército realista en las jornadas de Palacé, Calibió i Arapite.

Despues de estos triunfos gloriosos regresó a Popayan con el fin de reorganizar sus destrozados batallones, i el 22 de marzo de 1814 salió de esa ciudad con mil cuatrocientos hombres en direccion a Pasto, a donde se habia retirado Sámano.

Los primeros enemigos con quienes tenia que combatir eran los patianos, que le hicieron la guerra de partidas con gran pertinacia, pero sin ningun buen resultado para su causa.

Despues de mil penalidades, el insigne batallador, apesar de los obstáculos naturales que encontraba en sus marchas e infinidad de otros contratiempos, venció a Aimerich en las alturas de Boqueron i Buesaco, tomó las fortificaciones del Juanambu, i triunfando heroicamente en Cebollas i Tasines, llevó las armas de la República hasta los Ejidos de Pasto.

Hallándose en este sitio el 10 de mayo, fué atacado por fuerzas organizadas, superiores en número, e infinidad de guerrillas pastusas, que combatieron sin descanso desde las nueve de la mañana hasta la mitad de la noche.

El Jeneral Nariño estuvo prodijioso en la pelea, i los soldados que tenia consigo cumplieron su consigna, pero no habiendo llegado una tropa que esperaba, al mando del Coronel Rodríguez, quien, faltando a su deber dejó sacrificar a sus compañeros, al amanecer del 11 vió que las pocas fuerzas que le quedaban, desangradas, casi sin Jefes, pues que habia habido una gran mortandad, fatigadas de tanto batallar, huian amedrentabas dejándolo solo en poder de sus enemigos.

Reconociendo entonces su posicion, pensó en escapar i se ocultó en la inclemente montaña de Lagartijas.

Allí, sin mas amparo que el de la Providencia i la enerjía de su ánimo, permaneció tres dias, pasados los cuales, la necesidad lo obligó a presentarse a las autoridades de Pasto.

Estas, cargándolo de cadenas, lo encerraron en un calabozo en el que estuvo tres meses sufriendo las mas rudas vejaciones, enviándolo luego a Quito, de donde se le mandó a Lima i en seguida a España.

Una vez allí, se le remitió a las prisiones de Cádiz, en donde fué sepultado hasta el año de 1819, en que se le puso en libertad, debido al triunfo de la revolucion española que derrocó del trono a Fernando VII.

Libre, se estableció en la isla de Leon, i allí escribió las famosas cartas que bajo el seudónimo de Enrique Somoyar, le granjearon una celebridad continental. Estas cartas tenian por objeto combatir la tiranía en América exhibiendo a los tiranos en toda su terrible fealdad, engalanados con su cortejo de crímenes; i dar a los republicanos sabios consejos acerca de la política que debian seguir tanto en la paz como en la guerra.

Nariño, en su sublime i patriótico espiritualismo, comprendia que el triunfo de la revolucion era el advenimiento de tres soberanías morales en América:

'La soberanía del derecho sobre la fuerza;
'La soberanía de la intelijencia sobre las preocupaciones; i
'La soberanía de los pueblos sobre los Gobiernos.'

Creyendo, en tal virtud, que su brazo era necesario en su Patria al triunfo de la Re-pública, de Leon se embarcó hácia Jibraltar, de donde pasó a Lóndres i luego a la Guaria, en direccion a Venezuela.

En Achaguas se encontró con el Libertador, quien reconociendo sus virtudes i sus eminentes talentos, lo nombró Vicepresidente de Colombia, por muerte del doctor Jerman Roscio.

En ejercicio de este honroso cargo, mui digno del héroe, instaló en mayo de 1821 el Congreso de Cúcuta; i aquella Corporacion, minada de antemano por la intriga, sin fijarse en los precedentes de Nariño i olvidando su infortunio, le hizo cargos que, aunque baladíes por inexactos i por referirse a una época mui lejana de su vida pública, lo obligaron a dejar el mando.

Cansado de tanto desengaño i agotada su naturaleza física por largos años de prision i de sufrimientos de todo jénero, se hizo trasladar a Bogotá i de allí a la Villa de Leiva, en donde murió el 13 de diciembre de 1823.

La víspera de su muerte, haciendo escribir a uno de sus amigos, le dictó lo siguiente con la calma del filósofo:

'Odié siempre i por instinto a los tíranos; luchando contra ellos perdí cuanto tenia... hasta la Patria.

'Cuando apareció por fin esa libertad tan deseada i por la cual yo habia sufrido tanto, lo primero que hizo fué tratar de ahogarme con sus propias manos.

'Todos me han dado cadenas, me han calumniado, pero no he aborrecido ni a los que me han perseguido.

'Cuánto amé a la Patria, algun dia lo dirá la historia.

'No tengo que dejar a mis hijos, sino mi recuerdo.

'A la República le lego mis cenizas.'

Así se quejaba de sus conciudadanos aquel hombre coloso, que no se puede recordar sin cierta especie de sagrada veneracion.

Aquel patriota que, si hubiera sido ayudado por el destino, así como le cupo en suerte ser el primero en protestar en Nueva Granada contra el despotismo, hubiera sido el primero tambien entre los libertadores de América.

En efecto, si el Jeneral Nariño, dadas las cualidades que lo distinguian, hubiera ganado la batalla del Ejido de Pasto, en vez de Bolívar, habria sido quien enarbolara el estandarte tricolor, símbolo de la libertad, sobre las arjentadas cumbres del Potosí; pero desgraciadamente le faltó el complemento que contribuye a formar la talla de los Todopoderosos...Ê la fortuna!

En el crisol donde se formó este sér, personificacion del jenio i del heroismo, arrojó Dios un puñado de desgracia!

Tal fué la nube que eclipsó aquella aurora!

De este sublime campeon del derecho quedaron varias obras de esquisito gusto, así por su espíritu como por la amenidad del estilo; i entre ellas ' La Bagatela,' ' El Independiente,' ' Los toros de Fucha,' las cartas a que hemos hecho alusion, una coleccion de sentencias i discursos políticos i un proyecto de constitucion para Colombia, que escribió en el estranjero.

En el Jeneral Nariño hai mucho que imitar i que aprender, i a la memoria del héroe ilustre, los pueblos agradecidos deben entonar el hosanna que la posteridad tributa a los grandes hombres.

El reconocimiento que la sociedad rinde a los personajes ilustres es la emulacion del heroismo, i nosotros debemos seguir el ejemplo de los atenienses que multiplicaban sus preclaros patricios honrándolos.

 
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