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José Antonio Paez (Jeneral)
Texto de: Rasgos biográficos de los Próceres.

El 7 de mayo de 1873 se dio sepultura en Nueva York, en medio de una gran concurrencia que compuso el cortejo fúnebre, a los restos mortales del esforzado Jeneral de la independencia de Hispano América, José Antonio Páez!

Al dia siguiente de la inhumacion, los periódicos estranjeros públicaron la noticia de la muerte de aquel varon egrejio, segundo del Cid en la valentia i fiel imitador de Pelayo.

La prensa referia el desaparecimiento del campeon americano con positivo sentimiento; i como la historia no reconoce fronteras, pues que la gloria i la inmortalidad son comunes a todos los grandes hombres, el periodismo, al contar que Páez habia descendido a la tumba para ascender al cielo de los héroes predestinado, llenaba de encomios aquel Hércules de las batallas, invulnerable como Aquiles.

El Jeneral Páez, cuya vida parece mas bien del dominio de la fábula, nació en Venezuela, en las márjenes del Curpa, cerca del pequeño pueblo de Acarigua, el 13 de junio de 1790.

Niño aún, un pariente suyo lo llevó consigo a su casa de campo e impulsando sus naturales instintos, lo dedicó a los trabajos de la agricultura, profesion propia de los pueblos pastores.

A los diez i seis años de edad era Páez un hombre formado, de buen talante, avesado a las fatigas del campo i sabia leer i escribir.

A esta edad tuvo su primera aventura, en la que probó gran serenidad de ánimo, dejando comprender de lo que seria capaz en el porvenir.

Habiéndosele mandado llevar una suma de pesos a un comerciante de ganados residente en la llanura, se encontró repentinamente en la montaña de Muyurupí con tres bandidos que pretendieron robarlo; Páez, sin dejarse apoderar de la sorpresa, luchó brazo a brazo con los salteadores, mató a uno de ellos de un pistoletazo i cargó con su machete sobre los otros dos hasta perderlos en el monte.

Esta ocurrencia lo hizo refujiarse, temeroso de la accion de la justicia, en las riberas del Apure, concertándose por la corta remuneracion de tres pesos al mes en el hato de la Calzada de propiedad de don Manuel Pulido.

Puesto allí al servicio de un negro capataz llamado Manuelote, fué tratado por algún tiempo con la mayor rudeza :

Obligándosele a domar bestias feroces;

Atravesar corrientes profundas con ganados ariscos; i

A poco, con semejante aprendizaje, fué el héroe como los antiguos árabes del desierto:

Ajil e inarredrable jinete;

Nadador consumado; i

Hombre de ánimo audaz e infatigable.

Su fiera esclavitud le hizo amar la libertad.

Su educacion lo formó para toda série de atrevimientos e infortunios.

Hábil equitador i jimnasta, aquella naturaleza solo esperaba el momento oportuno de hacerse sentir para obrar los prodijios que inmortalizaron su nombre, haciéndolo aparecer como un ser mitolójico.

Llegada la revolucion de 1810, Páez, rompiendo sus cadenas, voló con la alegria del ave a quien se devuelve la libertad del aire, i llegando al campamento patriota, tomó servicio entre los republicanos en la milicia de Barinas, alcanzando en breve el grado de Sarjento primero.

Perdida la primera tentativa de independencia. los españoles quisieron obligarlo a servir a la causa del Rei, confiriéndole el grado de Capitan, pero él, que supo que los independientes habian vuelto a tomar las armas en la citada ciudad de Barinas, marchó a allí i se puso bajo la bandera de los libres, a disposicion de su antiguo e intrépido amo el Teniente Coronel Pulido.

Este, que le conocia mui a fondo, puso a sus órdenes una pequeña fuerza de caballería, con la cual dió Páez a los tiranos la accion de las Matas i el famoso asalto de Guerreñas, que acreditaron su fama.

Contar todas las hazañas de este luchador prodijioso durante los quince años de nuestra guerra magna, es asunto para un libro digno de la pluma de un poeta; bástenos decir que estuvo en ciento trece batallas de las que se dieron en la revolucion, distinguiéndose especialmente en las siguientes:

En las de las Matas i Guerreñas, que se acaban de apuntar, el año de 12;

Surpia, Capilla de Barinas i Mata de Leon, el año de 13;

Estanques, el año de 14;

Guadualito i Chire, el año de 15;

Palmarito, Mata de Miel, Cocos, Yagual, Apurito, Santa Catalina i Achaguas, el año de 16;

Mucuritas i San Antonio, el año de 17;

Coplé, San Fernando, Calabozo, Mision de Abajo, Sombrero, Birauca, el Negro, Enea, Ortiz i Cojédes, el año de 18;

Cañafístolo, Herradero, Queseras de Enmedio, la Cruz i primera de Carabobo, el año de 19; i

Segunda de Carabobo en 1821.

Preso por el enemigo despues del asalto de Guerreñas, fué tratado con suma crueldad, i aun estuvo en capilla para ser alanceado, suplicio regular de aquellos tiempos, librándose de la muerte, merced a un rescate de seiscientos pesos dado al sanguinario español Puy.

A los quince dias de este ajuste se evadió de la prision con ciento doce compañeros mas, uniéndose inmediatamente al brioso jefe García de Sena, quien le dió auxilios para que coadyuvara a la accion de los Estanques, en la que perdió tres caballos que montaba, resistiendo en compañía del Capitan Francisco Conde un combate contra 25 realistas del escuadron ' Húsares de la Reina' de los cuales quedaron en el campo diez i siete.

Lizon, que perdió esta batalla, decia a Moráles estas palabras: ' El valor del llanero Páez no tiene segundo, él solo vale por cien soldados intrépidos i es tan ájil sobre el caballo que evita los golpes mas certeros.'

En Mata de Miel derrotó con trescientos jinetes mil doscientos realistas que comandaba el Coronel español López, haciendo en la pelea una mortandad horrorosa i recojiendo un rico botin de armas, caballos i otros elementos de guerra.

Pocos meses despues de este suceso, cansado de vencer en las llanuras que riega el Apure, partidas mas o ménos numerosas de pertinaces guerrilleros, pensó en acometer una empresa de importancia que aumentara la celebridad de sus armas, i dió el asalto de Achaguas, en el cual ejecutó proezas que mortal alguno haya hecho jamas.

Peleó por doce horas consecutivas, a pié, a caballo, unas veces con arma de fuego, otras con su temible macana i concluyó apuñaleando los grupos enemigos dentro de sus propias trincheras, hasta que viéndose casi solo, recojió con pasmosa serenidad los pocos soldados que le quedaban, retirándose en buen órden hácia el pueblo de Guadualito.

Allí se le nombró por patriotas de alto valimiento Jefe absoluto de las llanuras, replegándose con las reliquias de su division a la altiplanicie situada entre el Apure i el Arauca.

En esta vasta rejion, a pesar de mil contratiempos i dificultades, logró aumentar i organizar debidamente sus tropas, con las cuales atacó a poco la importante plaza de San Fernando, combinando al mismo tiempo otros movimientos ofensivos sobre distintos radios, que distrajeron la atencion de Morillo i prepararon la marcha de Bolívar hácia San Juan de Payara.

Aquel movimiento del Libertador era de vital importancia a la causa de la libertad, i íi él contribuyó eficazmente Páez, prestando a la independencia un servicio mayor de todos los que hasta entónces la habia ofrendado.

Reunidos en el citado punto estos dos inmensos colaboradores del derecho, Bolívar no encontraba cómo pasar el caudaloso rio que separaba sus tropas del enemigo, i Páez con audacia incomparable, elijiendo un piquete de caballería se echó a todo ataque sobre las aguas, tomó a fuego i sangre las embarcaciones de los realistas i, tremolando sobre ellas el pabellon de los libres, presentó al Libertador los trofeos de su heroismo conquistados en medio de las olas !

El 2 de abril de 1819 aterró Páez con ciento cincuenta jinetes tres mil quinientos hombres de lo mas florido del ejército del célebre pacificador, enviado por los tiranos de España para acabar de desolar las pintorescas rejiones de América.

La accion de las Queseras de Enmedio es un hecho de armas sin segundo en la historia de las revoluciones; i si ella no hubiera sucedido ayer i no tuviera aún testigos oculares, pasaria como uno de esos hechos alegóricos de los cuentos orientales, en que un solo hombre ponia su pié de hierro sobre el cuello de tribus enteras de jigantes.

Páez, a quien los venezolanos dieron el nombre de 'Leon,' parecia protejido por los Divos, esos sublimes habitadores del monte Kaf, que, segun las primitivas tradiciones de la Persia, hacian invulnerables a los grandes guerreros que defendian las virtudes, mitos i dignidad de la Nacion.

Cuando se ponia en guardia, su rostro tomaba una espresion aterradora, chispeaban sus ojos, adquirian sus mejillas un lacre encendido, i haciendo levantar el polvo bajo las patas de su caballo, se lanzaba sobre el enemigo, feroz i terrible, con el empuje decisivo del dragon.

En la segunda batalla de Carabobo que dió la libertad a Venezuela, fué por sí solo un huracan que puso en tierra, cual si hubieran sido débiles espigas, batallones enteros.

Hubo un momento en esta gloriosa jornada, en que José de Jiménez, el mas esforzado campeon español, quiso medir sus armas con las del indomable lidiador venezolano. Páez batallaba en ese momento con arma de fuego; pero, pronto como el relámpago, colgó del arzon su trabuco, apretó con los talones la bestia que lo llevaba i, lanza en ristre, dió un duro golpe a su adversario por el pecho, levantándolo de la silla prendido en su terrible macana.

Doscientos jinetes que presenciaron el encuentro de aquellos dos atletas, poniendo pié en tierra, rindieron sus armas al vencedor! Aquel prócer tenia lo particular de ser dueño de su valor, es decir, que manejaba su brio segun las circunstancias, mostrándose unas veces impetuoso e imprudente, i en ocasiones frió i cauto.

De corazon caritativo i carácter amable, tenia gran ascendiente entre sus soldados, especialmente en los llaneros, que reconocian en él una voluntad suprema.

Consumada la independencia, fué elejido por el Congreso de Venezuela Presidente de aquella República, destino que desempeñó con lucimiento a impulsos de su patriotismo i del talento natural con que lo dotara la Providencia.

El mismo Congreso le regaló, como débil recompensa por sus servicios a la Patria, una magnífica espada adornada de atributos preciosos.

El Libertador le dió tambien la suya. I otra le fué obsequiada, con una carta llena de los mas altos elojios, por el Reí de Inglaterra, Guillermo IV.

En 1838 volvió por segunda vez a la Presidencia del mismo Estado, siendo ménos feliz en su Gobierno entónces, debido a la política de faccion que dominaba en aquella nacionalidad.

Desterrado a poco de su Patria, a consecuencia del espíritu de rivalidad que levantó la discordia entre muchos de aquellos grandes varones que fundaron el derecho en América, el Perú le ofreció albergue en lors momentos de su desgracia, Venezuela le dió renta de qué disponer i Nueva Granada lo llamó a su lado; mas él prefirió instalarse en los Estados unidos.

La vida del Jeneral Páez no podrá borrarse del pensamiento de los pueblos, ni de los cantos épicos del poeta. Ella formará un poema que servirá de dulce leyenda a todos aquellos que sepan amar el heroismo i veneren las augustas sombras de los Próceres de la libertad.

 
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