Diego F. Padilla (Padre)
Texto de: Rasgos biográficos de los Próceres.
Honora patrem tuum et matrem tuam ut longo vivas tempore: '
' Honra a tu padre i a tu madre a fin de vivir largo tiempo.'
'Estas palabras,' dice el Padre Lacordaire, ' se aplican a las naciones como a los individuos; todo pueblo que quiera vivir largo tiempo debe honrar a sus antepasados i conservar con fidelidad el depósito de las tradiciones de verdad, de honor i de justicia que le han dejado, amando i honrando a sus padres, a sus Próceres, que son su Patria.'
Dios creó a los hombrea i arrojándolos sobre la faz de la tierra, los dividió en familias, i con ellas formó los pueblos, asignando a cada uno sus límites i fronteras.
Fundadas en este principio i por razones de civilizacion las naciones, quedó de hecho establecida la Patria a que pertenecemos por la carne i la sangre; pero al mismo tiempo que nació esta Patria terrestre, Dios unió a los hombres con vínculos misteriosos i poderosísimos, levantando otra Patria mas grande aún, a que se pertenece por el espíritu i la fé, que es la Patria universal o relijiosa.
De esta manera quedamos sujetos a dos poderes: ' el temporal, que nos distingue i separa de los otros pueblos, i el espiritual, en que todos los hombres se abrazan i se confunden.'
Pero estos dos poderes a que estamos unidos por la intelijencia, no se escluyen en la esencia de sus principios constitutivos, i si los abusos de cada uno de ellos respecto del otro han hecho víctimas a las naciones de dolorosos contratiempos, ' estas desgracias han tenido su oríjen en el falso criterio que ha guiado a los hombrea en el manejo de los negocios pertenecientes al Gobierno civil i al Gobierno espiritual o de las almas.'
Tal fué la opinion, sobre el asunto, de uno de nuestros mas preclaros i virtuosos Próceres, el reverendo padre de la ' órden de predicadores agustinos,' Diego Francisco Padilla.
El Padre Padilla, apóstol de la doctrina liberal, a que se hallaba atado por la conviccion, i de la doctrina cristiana, a que estaba unido por el amor i el espíritu, nació en Bogotá en el mes de diciembre del año de 1754.
Teniendo especial vocacion para el sacerdocio, se dedicó desde mui niño a los estudios de la historia sagrada i profana, las lenguas, en que hizo rápidos i sorprendentes progresos, la filosofía i la teolojía. Aplicado como pocos i dotado de una intelijencia admirable, estando aún mui jóven, recibió en el Convento de San Agustín de esta ciudad las sagradas órdenes, empezando a echar desde entonces los cimientos de la continental reputacion con que se le distinguió siempre, considerándosele como uno de los hombres mas sabios de la América latina.
Gozando de sorprendentes facultades para la oratoria, e instruido en el arte de conmover, convencer i deleitar, que son los tres grandes fines de los oradores, así relijiosos como profanos, a los veintidos años empezó a salir al pulpito, granjeándose desde sus primeros sermones una justa admiracion, que en breve le mereció el concepto del mas notable predicador del Reino.
El Padre Padilla, consagrado al estudio, tenia en su Convento los elementos del caso para hacerse el hombre mas sabio de su tiempo. Sabido es que la biblioteca de San Agustin era la mas rica que tenia la Colonia, pues que desde 1719, bajo el Vireinato de don Jorje de Villalonga, Conde de Cueva, se empezó a surtir esta librería con especial deferencia, introduciéndose a ella obras sobre todas las ciencias, de lo mejor conocido en los países estranjeros.
En posesion nuestro prócer de esta librería, que representaba para su entendimiento una inmensa riqueza, como el minero intelijente que esplota infatigable una veta de metal fino, con la paciencia del hombre ávido de sabiduría, en plena tranquilidad de espíritu, continuó entusiasta sus estudios, progresando de dia en dia en conocimientos.
En 1782, 12 de setiembre, el Arzobispo de Santafé, don Antonio Caballero i Góngora, con motivo del natalicio de su Santidad Pio VI, preparó una funcion relijiosa que debia tener lugar en la iglesia Catedral, i encomendó la respectiva oracion para la misa al Padre Padilla. Un jentio inmenso concurrió a aquella solemnidad, hallándose en ella toda la nobleza i la parte mas ilustrada de la sociedad, el orador subió al pulpito a las once del dia i por espacio de hora i média su palabra prodijiosa mantuvo cautivo i en relijioso recojimiento al auditorio, recibiendo del Arzobispo Virei i de los altos personajes togados los mas altos encomios.
Con motivo de este discurso, frai Benito González, que habia llegado de España con el fin de hacer una visita eclesiástica a algunas diócesis de América, dijo en una representacion al Virei Guirior: ' El hombre mas notable de la Península, por su talento e ilustracion, es el jóven agustino Diego F. Padilla.'
En 1785 fué a Roma como Discreto, i en aquella ciudad, en otro tiempo señora del mundo, pronunció en el templo de San Pedro un discurso en latín, de tal manera sublime, que Pio VI, admirado del jóven predicador, le instó para que se quedara a su lado i le ofreció una mitra; ofertas que rehusó, pues que él pensaba en su Patria i sabia que debia servirla con todo el amor de su corazon i todos los recursos de su jenio i sabiduría.
Vuelto a Bogotá i tomando conocimiento del estado de los ánimos, que se habian irritado a consecuencia de los malos manejos de los gobernantes españoles, desde 1780 i 1781, en que tuvo lugar la revolucion de los comuneros de la provincia del Socorro, encabezada por los capitanes jenerales Berbeo, Rosillo, Plata i Monsalve, i promovida por una mujer de la baja esfera social, llamada María Antonia Várgas, el noble patricio, en vez de apagar el incendio poniendo su célebre palabra i sus poderosas influencias al servicio de la causa de España, continuó acariciando la revolucion que habia soñado, esperanzado, como lo dijo mas tarde en una oracion fúnebre, ' en el triunfo de la libertad, que es un don del cielo.'......
Antes de esto su valiente pluma, siempre elegante como la de Fenelon i Chateubriand, habia dado a luz algunos opúsculos sobre la situacion económica, política, moral i relijiosa del Reino; en cuyos escritos, segun sus biógrafos, habia de continuo una queja contra los opresores de la Patria i sábias enseñanzas para el pueblo, a quien se proponia ilustrar acerca de sus derechos.
Para nosotros, escasos de criterio para juzgar las obras de los hombres, i especialmente los productos de la intelijencia, pero ciegos admiradores de lo sublime, el primer folletista entre nuestros Próceres fué el Padre Padilla..
Quien haya leido su opúsculo titulado 'El Cristianismo i la libertad,' escrito que honra los tipos de Guttemberg, ha tenido que sentir poderoso entusiasmo en favor del escritor, rindiendo a aquella intelijencia suspicaz i creadora el culto merecido. ¡ Qué franqueza en el decir! Qué rareza de estilo! Qué elevacion de convicciones!
Aquel espíritu tan pronto se remonta al cielo, enseñando desde allí a los desgraciados de la tierra, a los que padecen por la justicia, esa Patria magnífica, eden perdido para los malos; tan pronto baja a la tierra pidiendo a los soberbios humildad i a los Todopoderosos benevolencia, tan pronto desciende a los infiernos i pone a la vista de los malvados aquel lugar de expiacion.
El folletista analizaba como Cobbett, dogmatizaba como Enrique Fonfréde i esponia con la franqueza del abate de Lamennais.
' El cristianismo es todo amor i todo caridad, dice, i todo lo que se opone al amor i a la caridad es contrario a la doctrina de Jesus.'
' El cristianismo i la libertad son hermanos.'
' Todo tirano es apóstata del cristianismo aun cuando se llame cristiano, porque, cómo puede ser cristiano el que lleva el odio en su corazon en vez del amor, que es una lei de las almas ? '
El Padre Padilla tenia una diccion bella, una argumentacion robusta i certidumbre completa acerca de los principios que profesaba.
Conocedor de la historia, tenia siempre en cuenta los grandes hechos i jamas se olvidaba de los grandes hombres, cuyos testimonios evocaba con frecuencia en apoyo de sus asertos.
Filósofo profundo, trabajador incansable, satírico sutil, hombre de ciencia, meditador i dialéctico, manejaba el folleto relijioso con increible habilidad.
Decidido por la causa del pueblo, a la que ofrendó siempre todos sus desvelos, se hizo amar de los que sufrian, adquiriendo una popularidad tal, que en el pequeño mundo donde se desarrolló su actividad se le tributaba la mas sincera veneracion.
Sus estudios sobre el ' Cristianismo i la libertad ' le enajenaron el cariño de los gobernantes españoles, quienes no vieron en aquel bien hilvanado escrito otra cosa que un impulso revolucionario; la primera campanada de un movimiento popular cuyas impetuosas olas habian de arrastrar, como el torrente, cuanto encontraran en su curso.
La suerte estaba echada! Dado el primer toque de alarma, aquel patricio abnegado, renunciando a las comodidades, a los favores de la nobleza i a la tranquilidad del claustro, debia persistir en su empresa hasta ver coronados los nobles propósitos de su corazon, arrostrándolo todo: la injuria, la miseria, la prision, el destierro i aun el cadalso.
Vejado con frecuencia en su dignidad, le llegó al fin la hora deseada, i el 20 de julio de 1810, saliendo de su Convento i reuniéndose con el pueblo amotinado, peroró a la multitud con el desembarazo de un tribuno político en una República democrática, i promovió una ' Junta de patriotas ' a fin de que se resolviera, a semejanza del antiguo Areópago de los griegos, a qué punto debian dirigirse los futuros destinos de la Nacion; si ella continuaba bajo el peso de la servidumbre española o se constituia libre e independiente.
I, cosa notable, aquel ciudadano que por razon de su ministerio debia estar atado a la monarquía, a cuya sombra los sacerdotes encontraban dignidades i ópimas prebendas, fué uno de los pocos que en la ' Junta ' del dia anotado se opuso al reconocimiento del Rei Fernando, argumentando que el pueblo era dueño de su suerte i que debia trabajarse en el sentido de que él se gobernara a sí mismo, sin sujecion a ninguna voluntad estraña, i ménos a un Poder estranjero.
De la ' Junta ' en referencia, que fué el movimiento precursor de la independencia del Vireinato, el Padre Padilla salió nombrado miembro de la ' Comision de negocios eclesiásticos;' debiéndose a él el que el Virei, don Antonio Amar i Borbon, no hubiera sido despedazado por el pueblo, evitando con su clemencia este atentado que, aun contra un hombre culpable, hubiera manchado la revolucion en su cuna.
En el ejercicio del empleo que le fué conferido, i que desempeñó con consagracion digna de aplauso, hizo poderosos esfuerzos en favor de la República, liberalizando cuanto le fué posible el clero, conquistando voluntades a la libertad i dando sabios consejos a los gobernantes civiles para la mejor direccion de la cosa pública.
En 1812 en que tuvo lugar la guerra civil entre los patriotas, contribuyó eficazmente a que esta suprema calamidad para la Patria, entonces naciente, no tomara las proporciones que la irritacion de los ánimos presajiaba. 'Cielos santos, decia en el periódico titulado 'El Sabatino,' no somos aún libres i ya nos despedazamos! Tenemos sobre nuestras cabezas un enemigo que nos ha devorado por tres siglos, i en vez de atender a él, empleamos el hierro fratricida contra nosotros mismos...... Paz, hermanos mios, hagamos la paz i con ella apareceremos grandes a los ojos de nuestros tiranos.'
En dicha hoja escribió tambien a las provincias de Cartajena, Santamarta i Popayan, suplicando a sus habitantes el amor a la libertad, la abnegacion i la union; repitiendo con frecuencia estas palabras : ' No puede ser libre un pueblo donde vive la discordia i donde la emulacion i la venganza atropellan al ciudadano honrado.'
Cuando el Jeneral Nariño, por quien tenia una sincera estimacion, hizo la campaña del Sur, se puso a su servicio, obligándolo a que lo hiciera Capellán de sus tropas, cuya mision desempeñó con verdadera sumision evanjélica.
Terminada esta campaña, que fué el oríjen de los acerbos sufrimientos que la Providencia le deparó mas tarde, volvió a Bogotá, en donde lo encontraran las huestes del célebre pacificador Morillo. Los tiranos, reconociendo los preclaros talentos de este patricio eminentísimo, i temiendo sus influencias, trataron de seducirlo llamándolo a sus filas, pero él, fiel a sus propósitos i rindiendo el culto merecido a sus ideas, rechazó indignado las ofertas que se le hicieron, i, como los antiguos mártires del cristianismo, resolvió morir por su fé.
Entonces lo cargaron de cadenas i decretaron luego su destierro!
Las insalubres prisiones de la Guaira i Puerto-Cabello fueron testigos de la resignacion republicana con que este varon ilustre sufrió la desnudez, el hambre i las calamidades i agravios de todo jénero con que lo mortificaron los enemigos del derecho.
De allí pasó preso poco despues a Cádiz i en seguida a los ' Fuertes de Sevilla,' en donde estuvo próximo a perecer, salvándose de la muerte, sostenido como San Pablo, en brazos de la esperanza que lo consolaba, presajiándole el próximo reinado de la libertad.
Cuando regresó a su Patria, era ya era libre; i al dilatar mis ojos, decia, en aquellos horizontes que ántes veia oscuros i que hoi contemplo con luz brillantísima, me arrodillé i oré al Señor, que habia purgado de impuros la tierra querida porque yo habia suspirado tanto.'
Vuelto a sus antiguos claustros, fué dos veces Provincial del Convento de los Agustinos, en donde enseñó idiomas, matemáticas, formó magníficos predicadores i fundó la escuela de canto.
El Padre Padilla, que sirvió como el que mas a la causa de la independencia de América, fué el orador sagrado mas notable de Colombia. El señor Castillo Rada comparaba su elocuencia con la de Bossuet, i el doctor Camilo Tórres dio este concepto acerca de él: ' Ama la Patria como una madre a su hijo, delira por la libertad, i en sus virtudes jamas ha penetrado la hipocresia. Es sabio, escritor correcto, lucido i convincente; i como orador, apénas creo que pueda comparársele con Ciceron. Su palabra es divina, parece un inspirado, i penetra en las almas como la luz en las sombras.'
Esto decia el doctor Tórres en 'El Aviso,' cuando aun el Padre Padilla era jóven. El doctor Tórres, ciudadano competente i severo, incapaz de levantar ante nadie el incienso de la adulacion, cosa, por otra parte, impropia en aquellos tiempos en que los hombres levantados de carácter no se atrevian a ofender la justicia atribuyendo méritos a quien no los tenia.
Por lo demas, el ilustre Padre Padilla entregó su cuerpo a la tierra i su alma a Dios, en Bogotá el 9 de abril del año de 1829, dejándonos por herencia el santuario de sus virtudes; virtudes que debemos imitar, pues que el mejor modo de servir a la Patria es, ' conservando con fidelidad el depósito de las tradiciones de verdad, de honor i de justicia que nos legaron nuestros antepasados.'
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