Antonio Ricaurte (Capitán)
Texto de: Rasgos biográficos de los Próceres.
Los grandes entusiasmos, las afecciones vivas i puras, el heroismo llevado mas allá de sus proporciones naturales, son, por lo comun, propiedad esclusiva de la juventud.
El hombre de avanzada edad es un jeómetra que mide todas las distancias, calcula los resultados, estudia cada faz de la vida minuciosamente, i no procede, ni aun en los supremos momentos, hasta tanto que no vislumbra, como al traves de un anteojo, el objeto que se propone.
Las almas jóvenes proceden por impresion, sin combinar medios ni buscar fines precisos. Dada la inspiracion, sigue el resultado; puede decirse que existe entre el pensamiento i el hecho la misma distancia en el tiempo que separa al relámpago del rayo. De aquí la razon por la cual los grandes acontecimientos de la historia pertenecen por lo regular a la juventud que, teniendo sobra de patriotismo, gran corazon para sentir i una especie de espléndida vision de lo ideal, va siempre en busca de todo lo que es elevado i maravilloso, sin otro interes que el de satisfacer una idea que se impone a su intelijencia.
Entre los varios ejemplos que pudieran citarse para corroborar esta aseveracion, está el hecho de San Mateo, ejecutado por el Capitan Antonio Ricaurte; hecho estraordinario en los anales del heroismo i que ha dado a su autor la admiracion universal.
Ricaurte nació en Bogotá, en setiembre de 1792, i desde su temprana juventud dejó comprender el temple audaz de su carácter.
Miembro de una respetable familia, enemiga del arbitrario Poder español, siguió con . sincero i ardiente entusiasmo los impulsos democráticos, i hallándose aun en la primera mañana de la vida, tomó su puesto en las filas de los libertadores de América.
Cuando en 1812 el Jeneral José Félix Rívas vino, a nombre del Libertador, a Cundinamarca, a pedir auxilio al Gobierno de Nueva Granada para continuar la guerra de Venezuela, Ricaurte, en compañía de Jirardot, D' Eluyar, Maza, Vélez, los Paris, Ortega i otros jóvenes dignos de la posteridad, formaron el brillante cuadro de oficiales que, desafiando la muerte a cada paso, dejaron sus nombres escritos con caracteres de fuego en el cielo de la libertad.
Apenas el prócer resolvió tomar parte en la guerra, una espléndida trasformacion se efectuó en su carácter.
Al empuñar las armas, todo lo que era bullicio i alegría, fué para él molesto i repugnante.
Mudo como un oráculo i sentencioso como un axioma, parecia abarcar todo el pensamiento de la revolucion; comprendiendo que debia servirla con la fria seriedad de un inspirado, prestándole sin reserva su implacable impulso.
Aquel héroe, mas grande que todos los guerreros, niño por la edad, hombre por la fé de sus creencias, llevaba en su alma una inmensa cantidad de amor por la República, cuyas consecuencias saboreaba en su interior sublime, viendo a su país, a sus conciudadanos, gozar de los beneficios de la libertad, exentos del látigo vil con que se flajelaba a los esclavos.
Su pasion por la independencia lo habia remontado a las excelsas rejiones de lo sublime, dándole la lójica impasibilidad de un escéptico.
Morir o matar, sin tristeza en el un caso i sin rencor en el otro, era para aquel espíritu sereno una necesidad de los acontecimientos; un deber a que lo ataban indisolublemente las ideas que formaban su conciencia i su intelijencia.
Ricaurte, apesar de su niñez, llevaba en su interior la síntesis del gran movimiento iniciado contra la tiranía, puede decirse que, fascinado por su ideal, era un sér colocado en los límites de la demencia i el jenio.
A la verdad, era demencia aceptar impasible un sacrificio, el mas terrible de todos, cuando se estaba en la aurora de la vida, i sonriente la naturaleza ofrecia por doquiera luz i perfumes; pero no es ménos cierto que imponerse la muerte en la hora de la primavera, e imponérsela pensando mas en el porvenir de los otros que en sí mismo, escalando con el cometido de una suprema i postrera resolucion todas las alturas de la gloria, tiene la grandeza del jenio.
Soldado de la Patria, aquel ser formidable pisó la tierra de Bolívar a tiempo en que los europeos españoles hacian la guerra a los patriotas, con mayor ferocidad de la usada por los antiguos bárbaros que desolaron la Grecia.
No obstante, comprendiendo, apesar de su corta edad, la mision que se habia impuesto, en vez de inmutarse ante la crueldad de los tiranos, su brio adquirió todas las faces de la indignacion, declarándose el vengador de la sangre de los libres.
Fiel a sus propósitos, luchó con bizarría admirable el 13 de abril de 1813 en la accion de la Grita.
Luego en Caraché, el 19 de julio siguiente, cometiendo en esta batalla el arrojo de lanzarse sólo, como un sonámbulo del heroismo, sobre el campo enemigo, en busca de los prisioneros patriotas que tenian los absolutistas.
Seguidamente, estuvo espléndido en las jornadas de Horcones, Niquitao, Mirador, Bárbula i las Trincheras; habiendo sido tal su coraje en este último encuentro, en el cual habia tomado sobre sus hombros la venganza de Jirardot, que Maza, a quien Bolívar apellidaba ' El anjel esterminador,' al .partir del combate anotado, llamó a Ricaurte 'Mi segundo.'
El jóven, consecuente con sus ideas, iba de victoria en victoria ganando ascensos i condecoraciones, cuando vino para él, sin duda predestinado, la hora suprema de la catástrofe; i con mas severidad de la de Scévola, cumplió su deber con una entereza de alma sin segundo en la historia de los acontecimientos humanos.
El 20 de febrero de 1814, Bóves, el gran bebedor de sangre, devastador como Atila, lanzó sobre el Libertador, que habia fijado su cuartel en el campo de San Mateo, un ejército compuesto de siete mil hombres, entre infantes i jinetes.
El dia 28 la fuerza realista, mui superior en número, rompió sus fuegos con terrible vehemencia sobre la lejion republicana, siendo rechazados los españoles despues de diez horas i média de sangriento combate.
Ricaurte peleó en esta jornada espléndidamente, avanzando con su compañía, que hacia parte del ' Batallon quinto de libertadores,' a toda carga sobre sus adversarios.
Este rechazo no fué un triunfo decisivo, pues que el enemigo era pertinaz i poderoso, i Bolívar, que tenia consigo un abundante parque, en que fincaba sus patrióticas esperanzas, temeroso de que en un segundo encuentro pudiera caer en poder de los españoles, lo hizo trasladar a la casa del injenio de San Mateo, poniéndolo bajo la custodia del jóven Ricaurte, en quien tenia una ciega confianza, i a quien dió para el cometido de su comision una pequeña fuerza de cincuenta hombres.
Como el Libertador lo suponia, Bóves, que se habia retirado herido a la Villa de Cura, repuesto de sus dolencias i de la sorpresa que le causara el arrojo de los independientes en el ataque del 28, volvió a acometer a los patriotas el 17 de marzo, siendo impotentes sus soldados ante el denuedo espartano de los libres.
Desesperado el caudillo realista, el 20 resolvió dar un ataque jeneral sobre todas las filas de la fuerza republicana, i habiendo tenido noticia de la existencia del parque i del punto donde se encontraba, dictó las órdenes del caso a fin de hacerse a él, en el convencimiento de que semejante adquisicion era el mas grave de los descalabros de que podian ser víctimas los patriotas.
La batalla principió a las primeras horas de la mañana, i a eso de las diez, segun el parte del Jeneral Lino Clemente, ' era tal el encarnizamiento de los lidiadores, que todas las filas estaban en brega solemne, disputándose la victoria.'
A las once un batallon realista de trescientas plazas, descendiendo de una altura a todo fuego, logró romper una ala de los independientes, i por sobre montones de cadáveres se dirijió al injenio, en donde estaba el parque.
Ricaurte, listo a todos los movimientos del enemigo, comprendió que, llegado el momento de poner el sello a la inmortalidad de su nombre, debia morir ántes de entregar a los déspotas el depósito que se habia confiado a su valor i patriotismo.
Conociendo que la resistencia era tanto mas desesperada cuanto inútil, mandó a los pocos soldados que lo acompañaban que fuéran presurosos a enrolarse en el cuerpo a que pertenecian, i con serenidad de ánimo inimitable esperó el instante supremo.
Apenas hubo quedado solo, los españoles invadieron el edificio: ' Atrás ' gritó entonces con voz firme i sonora, i apénas se estinguió el eco de esta solemne protesta, se dejó oir una horrible detonacion.
El héroe habia puesto fuego al parque!
Al disiparse la humareda, la casa de San Mateo no existia!
De Ricaurte no se encontró la mas leve reliquia! Desapareció librando por sí solo a la tiranía la mas insigne de las batallas ! !
Aquel sublime suicida, que venciendo el olvido hizo de su nombre un monumento para la historia, ' solo encontró en el espacio sepultura suficiente para su talla.'
En cuanto a los realistas, sorprendidos con aquel hecho, quedaron estupefactos, ofuscados ante la magnitud del acontecimiento, i de vencedores que estaban se declararon vencidos. Aquella falanje de monstruos, bajando las armas, se retiró del campo, asombrada de la heroicidad sobrenatural de un niño, que ofrendado su vida al porvenir del pueblo!
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