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Prólogo
Texto de: Retórica y Poética.

Los modernos nos inclinamos en demasía a desechar el estudio de todo aquello en que haya de dejarse algo al discernimiento del aprendiz; esto es, el estudio de ciencias, artes, sistemas y doctrinas que no contengan principios y reglas precisos, terminantes, fijos y demostrables, como los de las matemáticas y los de la química o la mecánica; y aquella inclinación nos va lle. vando a la ignorancia de muchas cosas que nuestros mayores miraron como asuntos dignos de servir de objeto a las especulaciones del ingenio, y como artes o ciencias tan serias e importantes como aquellas cuyos principios y reglas tienen aplicación práctica en el mundo.

La propia inclinación hace que reine hoy la mayor, -confusión de ideas en orden a la literatura, y que aunque esta progrese, no puedan entenderse los criticos acerca del modo de juzgar las producciones, ni los maestros bandearse para ilustrar a los principiantes.

Poseemos hoy los mejores escritos sobre critica; y bastaría que poseyésemos los de Villemain y los de Lord Macaulay para que pudiéramos preciarnos de haber aventajado infinito a los antiguos en esta materia; pero tales escritos no son cuerpos de doctrina, ni mucho menos textos de enseñanza. No son más que disertaciones en que ciertos autores han expuesto su dictamen, con mayor o menor acierto, sobre el mérito de los autores cuyas obras han juzgado.

Para formar un cuerpo de doctrina literaria es forzoso ordenar las materias, definir, clasificar y formular preceptos. Así lo hicieron nuestros antepasados en lo que mira al arte de hablar y de escribir, y del estudio de sus tratados sacaron los contemporáneos que han alcanzado más fama, muchos de los conocimientos a que deben el haberla ganado.

Apenas podrán creer los que hoy condenan como vajeces las antiguas obras de Retórica, que Lamartine, Víctor Hugo y Byron, en cuyas producciones originales no parece hallarse rastro ni vestigio de tales estudios, nutrieron su inteligencia con esas vejeces y ejercitaron y fecundizaron su ingenio y disciplinaron su imaginación con el estudio de los clásicos, hecho porel antiguo método.

Este método consiste en hacer que los escolares se familiaricen con los autores clásicos y que aprendan las, reglas que del estudio de los mismos se deducen. Ninguna de las reglas que contienen los buenos tratados de retórica es arbitraria. Cada una es resultado de la observación que se ha hecho de que en determinado punto han procedido de una misma manera todos los autores cuyas obras se leen con placer o con provecho.

Para exponer y para explicar estas reglas, así como, para que no falten expresiones propias a los que emiten opiniones razonadas sobre composiciones literarias, ha sido forzoso dar nombre a cada una de las cosas que pueden ser materia de la crítica o de aquellas reglas; y de ahí viene que en los tratados de retórica se halla abundancia de términos técnicos corno se halla en cualquier obra didáctica. Los de la retórica y de la poética hacen quizás enojoso el estudio del arte a los que quisieran adquirir a poca costa los conocimiento& que otros no han podido conseguir sino a costa de laboriosas vigilias; pero el estudio de la literatura resultaria, sin el uso de términos técnicos, mucho más pesado de lo que es, cuando por medio de ellos se evitan la vaguedad, los rodeos y la confusión que serían inevitables si se desterrasen aquellos términos.

Aunque los principios y los preceptos de la retórica fuesen puramente convencionales, su estudio sería siempre necesario, porque sólo él da ocasión para que los principiantes aprendan a juzgar: las producciones del ingenio a distinguir y admirar sus bellezas, a discernir las que son verdaderamente tales, de las falsas y deslumbradoras, a conocer los artificios de que se ha valido siempre el ingenio para realzar sus concepciones y para superar dificultades, y, en fin, para no correr el riesgo de imitar a los escritores ilustres en aquello en que no deban ser imitados.

La imitación viene a ser, en definitiva, lo que guía a un joven que cultiva alguno de los géneros de la literatura; pero la imitación no liará sino descarriarlo si no ha aprendido a distinguir lo que es digno de imitación de lo que es de censura. Ni puede suceder, sino en muy raros casos, que cuando se consagre al cultivo, de las letras haya tenido ya a la vista modelos de todos los géneros, y especiamente de aquel en que, sin que él pueda saberlo todavía, está llamado a ejercitarse -con lucimiento. Sólo el estudio teórico del arte puede -darle en poco tiempo, y sin gran trabajo, idea completa de lo que es la literatura, y de cuáles son lbs ramos en que ella se divide.

Por tanto, mientras haya de escribirse; mientras haya de haber quien aspire a ser orador, historiador o poeta; mientras haya necesidad de que se compongan obras de todo género, la habrá del estudio de lo que siempre se ha llamado Retórica y Poética.

El texto de esta materia, de que más uso se ha hecho en los países en que se habla castellano, ha sido ,el Arte de hablar de Gómez Hermosilla. La severidad con que este autor juzga ordinariamente a ciertos poetas, su parcialidad en favor de algunos y su inclinación a adoptar entre todos los dictámenes y entre todos los preceptos los más rigurosos, los más estrechos y los de más dificil observancia, le ha hecho objeto de amargas censuras y de general aversión; pero cuantos, después de él, han intentado componer textos castellanos de retórica y poética, siguiendo casi servilmente sus doctrinas y su método, han dado testimonio de que él es quien ha conseguido reducir a sistema y ex-poner con claridad y precisión lo que, antes que él escribiése, se hallaba esparcido en multitud de libros, y lo que, en general, será observado mientras imperen el sentido común y el buen gusto. En una ,obra como la de Gómez Hermosilla nada importa algunas doctrinas sean hipotéticas, improbables o exageradas: lo interesante es que a los que la estudian se les dé ocasión de discurrir sobre todos

los puntos que la materia abraza y que la exposición y el método sean lo que deben ser en cualquiera obra destinado para texto. Los que después de estudiarla no hayan de seguir cultivando las letras, no pierden cosa ni gravan su conciencia con vivir persuadidos, v. gr., de que en la tragedia ha de haber rigurosa unidad de lugar; los que sigan dados a estudios o trabajos literarios no tardarán en rectificar, a muy poca costa, opiniones que en la actualidad no sean generalmente recibidas.

En vista de todas estas cosas, nosotros, al intentar la formación de un texto elemental de retórica y poética, hemos juzgado que nada podíamos hacer mejor que reducir a un brevísimo epítome el Arte de hablar, no sin alterar varias de las doctrinas que contiene, a fin de acomodarnos a lo que hoy está admitido por la generalidad de los críticos. También nos hemos tomado la libertad de agregar bastantes preceptos y doctrinas de nuestra propia cosecha o de otros autores, y de sustituír varios pasajes citados por Hermosilla, con otros más breves o más oportunos.

Siendo nuestro propósito ofrecer a la juventud un texto de fácil adquisición, y tal, que sin esfuerzo pueda ser aprendido en un año, nos ha sido preciso mostrarnos sumamente parcos en materia de ejemplos ilustrativos de las reglas y teorías expuestas en nuestra obrecilla. A los maestros toca presentarlos abundantes a los que hayan de manejarla.

Habiéndose compuesto y publicado nuestras Lecciones de Métrica para uso de la juventud colombiana, sería inútil que en este libro tratásemos sobre la parte material de las composiciones en verso.

 

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