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De las claúsulas
Texto de: Retórica y Poética.

Las expresiones se deben colocar del modo más ventajoso para que el pensamiento total pueda producir completo el efecto que se desea. Colocarlas así es lo que se llama componer o coordinar la cláusula.

Cláusula es una reunión de palabras que presentan un pensamiento completo.

Algunos llaman sentencia, otros Período y otros frase lo que nosotros llamamos cláusula.

Hay cláusulas cortas y cláusulas largas, las que deben mezclarse en debida proporción.

Hay estilos que se caracterizan por el uso más frecuente de las cláusulas de una de las dos especies.

Divídense también las cláusulas en simples y compuestas. Cláusula simple es la que consta de una sola proposición principal, incluya ésta o no expresiones secundarias que ilustren o modifiquen algunas de sus partes.

Las modificaciones del sujeto deben colocarse inmediatas a éste, como se ven las siguientes en esta cláusula simple con modificaciones, que hallamos en el Quijote: «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor».

Las que recaen sobre el verbo, si son adverbios 0 frases adverbiales, le siguen o le preceden inmediatamente, como en el ejemplo anterior la frase adverbial no há mucho tiempo que.

Si hay varios complementos que expresen el objeto, e! término, el motivo, el lugar, etc., conviene anteponer, como lo hizo Cervantes en el mismo pasaje, alguno de estos últimos, porque, colocados todos después del verbo, harían arrastrada la cláusula.

Cuando los complementos que siguen al verbo son poco más o menos de una misma extensión, su orden es el siguiente: 1º el objeto o acusativo; 2º el término o dativo; y 3º los complementos circunstanciales, v. gr. voy a enviar este libro a un amigo por el correo.

Mas si alguno de ellos es más largo que los otros, se dejará para el último lugar. En esta cláusula El rey no confía los negocios a gente sin devoción, está bien observado el orden; pero si se hubiera dicho: el rey no confía el mando de sus ejércitos a impíos, lan cláusula no estaría tan bien construída como esta: El rey no confía a impíos el mando de sus ejércitos,

Cláusula compuesta es la que contiene dos o más. proposiciones principales, como ésta: Romanos, en tal día como este, vencí yo a Aníbal Y sujeté a Cartago: vamos a dar gracias a los dioses inmortales.

Las diferentes proposiciones principales de que consta una cláusula se llaman miembros; las incidentes y los complementos, incisos.

Si las proposiciones principales no están ligadas entre sí por medio de conjunciones, relativos, gerundios, etc., la cláusula se llama suelta; tal es la que acabamos de ver.

Si están enlazadas, la cláusula se denomina periódica o período.

El estilo en que dominan las primeras se llama estilo cortado, y aquel en que abundan las segundas, periodíco.

A cinco pueden reducirse las cualidades de una cláusula bien construída, y son: claridad, unidad, energía, elegancia y armonía.

La claridad consiste en que se evite toda oscuridad y toda ambigŸedad en el sentido.

Las reglas para la claridad son:

1º Los adverbios y las frases adverbiales que limitan el significado de alguna expresión deben colocarse inmediatamente después de ella. Si se dice: Por grandeza no entiendo solamente el tamaño de un objeta, sino la extensión de toda una perspectiva, el adverbio sola mente modifica al verbo entiendo, contra la intención M autor de la cláusula. Lo que él quiso decir no se expresa sino colocando dicho adverbio después de la palabra objeto.

2º Los complementos, las prosiciones incidentes y, en general, todas las circunstancias de lo enunciado por el verbo, deben ponerse en el paraje que mejor indique cuál es la idea a que se refieren. En el siguiente pasaje hay una coordinación un poco anfibológica.

«Me propongo sólo decir lo que a la historia no compete, por ser demasiado humilde».

Aunque por el contexto se descubre bien el sentido, no deja de ser viciosa la colocación M adverbio sólo y del último complemento por ser demasiado humilde Por el sentido, humilde se refiere a lo; gramaticalmente podría también referirse a la historia, y aun al escritor. La perspicuidad pedía que se dijese: «Me propongo decir únicamente lo que por ser demasiado humilde no compete a la historia».

3º Los relativos quien, que, cual, cuyo, etc., deben colocarse después de su antecedente. A esta regla falta la siguiente cláusula: Locura es armarnos contra los accidentes de la vida amontonando tesoros, contra los cuales nada puede protegernos sino la mano de Dios. Lo corriente sería: «Locura es armamos amontonando tesoros, contra los accidentes de la vida, contra los cuales nada puede protegernos», etc.

4º Lo mismo debe decirse del pronombre él, ella, ellos, ellas, y del posesivo su, sus, suyo, suya, suyos, suyas: es menester que se coloquen de manera que por el lugar que ocupan se vea a quién se refieren. En esta cláusula: César quiso sobrepujar a Pompeyo, y las inmensas riquezas de Craso le hicieron creer que él podría igualar la gloria de estos grandes hombres. El contexto muestra que le y él se refieren a Craso, pero por la colocación los referiríamos a César.

Dice Quevedo a un escollo:

«De amenazas del Ponto rodeado y de enojos M viento Sacudido, tu pompa es la borrasca, y su gemido más aplauso te da que no cuidado».

¿El su de gemido (pregunta un crítico) se refiere a la borrasca. al viento o al Ponto? ¿0 se refiere a todos juntos? No basta, observa Quintiliano, que otros entiendan bien lo que decirnos nosotros: es necesario que lo expresemos bien para que en ningún caso pueda entenderse mal. La penetración del lector no disculpa la negligencia del escritor.

La unidad consiste en que todas las partes de una ,cláusula estén tan ligadas entre sí, que hagan en el ánimo la impresión de un solo objeto y no de muchos. Para conseguirlo se observarán las reglas siguientes:

1ª Dentro de cada cláusula no se mudará la escena, y se pasará de una cosa o de una persona a otra lo menos que se pueda. Si yo dijese: Después que nosotros anclámos, ellos me desembarcaron, y yo fui saludado por mis amigos, quienes me recibieron con muestras de cariño.... nosotros, ellos, yo y quienes aparecerían desunidos y casi sin conexión. Refiriéndolo todo a la primera persona, se diría: Habiendo anclado, desembarqué y fui saludado por mis amigos y recibido, etc, De este modo tendra la cláusula la debida unidad.

2º Jamás deben acumularse en una misma cláusula pensamientos tan inconexos entre sí que cómodamente pudieran distribuírse en dos o más cláusulas. En el siguiente pasaje: En este estado incómodo de su vida pública y privada, Cicerón se vio angustiado de nuevo por la muerte de su amada hija Tulia, acaecida poco después de haberse divorciado de Dolabela, cuyas costumbres y mal genio le desagradaban en extremo, siendo el objeto principal la angustia de Cicerón ocasionada por la muerte de su hija, la circunstancia de haber ésta fallecido poco después de su divorció, puede entrar en la cláusula; pero la añadidura relativa al carácter de Dolabela destruye la unidad

3º Es menester no introducir en las cláusulas paréntesis que cómodamente y sin menoscabo de la claridad puedan evitarse.

4ª Toda cláusula ha de cerrarse plena y perfectamente, lo cual quiere decir que deben acabar todas en aquella palabra en la cual el ánimo parece que desee reposar, y que no se añada ninguna circunstancia, que o debió omitirse, o pudo colocarse en otra parte.

La energía consiste en que las diversas partes de las cláusulas se coordinen de modo que presenten el pensamiento total la más ventajosamente que se pueda para que produzcan la impresión que se desea.

Las reglas sobre energía son las siguientes:

Iª Limpiar las cláusulas de toda palabra inútil, es decir, que no añada algo al sentido. En obligó a que el labrador le preguntase le dijese qué mal sentía, es inútil el le dijese.

2ª Deben limpiarse de todo miembro que diga lo mismo que alguno de los precedentes, Garcilaso dice:

«¡Ay cuán diferente era, y cuán de otra manera,,

repitiendo en el segundo verso lo dicho en el primero, con perjuicio de la energía.

3ª No se multipliquen sin necesidad las palabras demostrativas y relativas. Así, en lugar de decir: En esta parte no hay una cosa que nos disguste más que la vana pompa, será mejor: Nada nos disgusta más, etc.

4º a Las palabras capitales, que son las que representan la idea más interesante, colóquense en el pasaje en que puedan hacer más impresión.

Ejemplos

«En un castaño aragonés, brioso, de carnosa cerviz, crin guedejuda, anca redonda y relevado pecho, que receloso y comprimido bufa; esparciendo la arena por el aura al estampar el casco y herradura en la tierra a compás, entra Velásquez y la tención universal subyuga».

(D. ANGEL SAAVEDRA)

Aquí se dejó con grande acierto lo principal para el fin, y con igual habilidad se colocó hacia el medio en el siguiente trozo: Quedó entretanto, a su pesar, el fuego de su alma noble conteniendo el Conde; como el lebrel gallardo, en la traílla, cuando ve al jabalí cruzar el monte>.

(D. ANGEL SAAVEDRA),

5ª Estén las palabras capitales desembarazadas de las otras que pudieran hacerles sombra. Así, si hay circunstancias de tiempo, lugar, etc., u otras modificaciones. se han de colocar de modo que no oscurezcan el objeto principal, regla bien observada en esta cláusula de un autor que, hablando de ciertos poetas, dice: Si al paso que sólo prometen agradar, aconsejan secretamente e instruyen, pueden acaso ahora también como antes, ser tenidos con justicia por los más ilustres autores. Contiene las modificaciones sólo, secretamente, acaso, ahora, también, como antes, con justicia; y están colocadas -le modo que no debilitan la cláusula, y que el ob. jeto capital ser tenidos, etc., viene a ocupar el ¡Ligar más distinguido

6º Cuando hay varios complementos circunstancia les o modificativos, procúrese no poner muchos de seguida; interpónganse, si es posible, palabras de otra clase. Ejemplo: Lo que hace algún tiempo tuve la honra de indicar a usted en la conversación, no era un pensamiento nuevo. Las dos circunstancias hace algún tiempo y en la conversación están aquí hábilmente separadas por las palabras tuve la honra de indicar a usted.

7ª Las palabras homólogas colóquense en una gradación racional. Así, si se habla de cosas que admiten cierto orden, como varias naciones que han existido en distintas épocas, deben colocarse primero las más antiguas 8ª cuando haya una cláusula de miembros desiguales, déjese el más largo para el último lugar. En vez de decir, v. gr., «nos lisonjeamos creyendo que hemos abandonado nuestras pasiones cuando ellas nos abandonan», sería más enérgico invertir el orden de los miembros y decir: Cuando nos abandonan las pasiones, nos lisonjeamos creyendo que las hemos abandonado.

Para dar variedad al estilo pueden emplearse de cuando en cuando finales muy breves. Ejemplo: después de hablar de !a comedia El Señorito Mimado, añade Moratín: «Si ha de citarse la primera comedia original que se ha visto en los teatros de España, escrita según las reglas más esenciales que han dictado la filosofía y la buena crítica, ésta es».

9ª Si es posible, no se concluyan las cláusulas, ni aun cada uno de sus miembros, con un pronombre, un adverbio u otra de las partes menores del discurso, a no ser que éstas sean las palabras capitales.

Véase un pasaje en que el período termina deplorablemente: «Y si a esto se agrega que la nobleza whig lo consideraba por su jefe. y que los cargos públicos rebosaban de protegidos suyos, la importancia se transformaba en omnipotencia casi>.

10ª Cuando en los diferentes miembros de una cláusula se comparan o contraponen entre sí varias ideas, se debe observar igual contraste en las palabras y en en su colocación, como en el pasaje siguiente, Homero era el mayor genio, Virgilio e! mayor artista, en el uno admiramos el hombre, en el otro la obra.

11ª Cuando en los miembros de una cláusula hay ideas que se corresponden entre sí, colóquense en orden paralelo las palabras que las expresan. Por ejemplo: «El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata. no me sirva, el que desconocida no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida, no los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera>.

La elegancia de las cláusulas consiste en que se las construya con cierta belleza y gracia.

Hay elegancias que consisten en omitir o no omitir ciertas palabras, como cuando se repite, por convenir así, la conjunción, o cuando ésta misma se omite pudiendo usarse.

Otras consisten en repetir una palabra, ya al principío, ya al fin de diferentes miembros o incisos, v. gr., llevemos en nosotros la mortificación de Jesús, para queaparezca en nosotros la vida de Jesús.

Otras en empezar dos o más incisos con palabras tomadas del antecedente, lo que se llama concatenación.

Así como a veces la elegancia consiste en que se repita el vocablo al fin, en otros casos consiste en que en el último miembro se invierta el orden de las palabras, para que el vocablo que se repite no quede al final, v. gr.: «Para que viviendo con 61 y viviendo por él, con 61 muramos».

Es elegante anteponer un, adjetivo y posponer otro, en la forma en que lo vemos en estos ejemplos: «Sus palacios eran magníficos, espléndida su mesa> «Como la persia estaba en una sujección excesiva, Atenas experimentó las consecuencias excesibas de una libertad> Lo es igualmente alterar el orden de los sustantivos que se repiten, como lo hizo Donoso Cortés en el pasaje siguiente: «En su primera página se cuenta el principio de los tiempos y el de las cosas, y en su última página el fin de las cosas y el de los tiempos>.

En una cláusula compuesta de dos partes, es elegante suprimir el verbo en la primera para expresarlo solamente en la segunda: «Las que alegres esperanzas en la juventud, son tristes memorias en la vejez».

De semejante manera se omite el verbo en una frase incidente que se coloca al principio: «Esperemos que nuestra madre, ya que no la felicidad, hallará al menos en sus últimos días el reposo que tiene tan me. recido».

El reproducir los sustantivos por medio de pronombres para no repetirlos, es en los más de los casos de necesidad, pero hay algunos en que tal reproducción es ,elegante, como cuando, estando el sustantivo en plural, se hace la reproducción por medio de un pronombre en singular, y como cuando, empleado un sustantivo en cierta acepción, se reproduce con otra algo diferente. Ejemplo: «No les guardaré a ustedes consideraciones, por la de que, si se las guardase, seguirían abusan. do>. El sustantivo consideraciones está en plural, y la reproducción se hace por medio del pronombre la en singular; además, cuando está expreso significa miramientos, y en la reproducción quiere decir motivo.

Sirva de ejemplo para la reproducción de una palabra en acepción diferente de la que se le da al expresarla, el siguiente pasaje del Quijote (Parte II, capitulo 24): «Pidiéronle de lo caro. Respondió que su amo no lo tenía; pero que si querían agua barata, que se la daría de muy buena gana. Si yo la tuviera de agua, respondió Sancho, pozos hay en el camino donde la hubiera satisfecho». Aquí, gana significa voluntad cuando está expresa, y apetito en la reproducción.

El mismo Cervantes, como hubiese terminado el capítulo III de la primera parte del Quijote con la palabra hora, dio principio al IV de la manera siguiente: «La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta>; y en el título del capítulo XXXVIII de la segunda parte del Quijote, habiendo empleado la voz cuenta como inflexión del verbo contar, la reproduce con inevitable donaire con calidad de sustantivo: «Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la Dueña Dolorida».

La supresión de palabras que fácilmente suple el lector, supresión que suele constituír elegancia, es lo que se ¡lama elipsis.

Es no sólo inelegante, sino contrario a los más elementales principios del arte de escribir, el empezar por una misma conjunción dos o más miembros de una cláusula como en los ejemplos que siguen: «Pero no pudimos detenernos porque el viento nos impelía con violencia, pero aun andando, pudimos auxiliar a los náufragos,. «Porque el clima de todo el territorio es mortífero pira los naturales del interior, porque la temperatura cambia muy a menudo»,

Todos saben que por regla general dentro de una frase no debe repetirse una palabra- pero muchos ignoran que es gran yerro emplear en la frase dos vocablos- de un mismo origen; y esto aunque el un vocablo sea un lo material muy diferente del otro. Ejemplos: «Difícil sería la interpretación del manuscrito, cuando un hombre como éste, a quien nada se dificulta, no pudo entenderlo». «Entre las cosas que dijo a los circunstantes, que le oían con sorpresa, se le escaparon dicterios que. debían sonar muy mal en aquellas circunstancias>. «Hizo refencia a muchas cosas, pero no a lo relativo a nuestro pleito».

Sólo el que sabe latín no ignora, o ignora raras veces, qué palabras son las que tienen un mismo origen y expresan la misma idea abstracta que otras, y huye de mezclar en una frase a referir o referencia con relación o relativo; a obra con cooperar; a contexto con tejer, a dar con datos etc.

En la armonía de las cláusulas hay que considerar: LO, el sonido o modulación agradable en general; y 2º la disposición artificiosa de los sonidos para que expresen o imiten alguna cosa. Lo primero se llama melodía o suavidad o armonía; y lo segundo armonía ímitativa.

En cuanto a la primera, lo que puede enseñarse se reduce a que los miembros de todas las cláusulas, y en cada uno de ellos sus respectivos incisos, estén distribuidos de modo que la respiración no se fatigue para recitarlos,

Conviene también que las pausas de sentido mayores y menores caigan a tales distancias, que traigan entre sí cierta proporción musical que se llama ritmo.

En cuanto a la cadencia final, que es la parte que pide mayor cuidalo, la regla que puede darse es la de que en las composiciones oratorias el sonido debe ir creciendo hasta el fin; que cada miembro se termine con las palabras más llenas y sonoras, y que (salvo raros casos de intencional energía) se evite colocar monosílabos en el final de las cláusulas.

Véase cúan desagradable cadencia tiene esta cláusula: Repentina mudanza, confusión y peligro, uno de los mayores en que jamás Castilla se vio.

Está bastante acreditada la regla de que las cláusulas y los párrafos han de terminar en voz grave, y no en aguda ni esdrújula. Esta es la más segura para los pricipiantes, pero hay casos como puede observarse en buenos escritores, en que es conveniente acabar en voz esdrújula o aguda.

La armonía imitativa tiene dos grados: el primero es cierta conveniencia vaga del sonido dominante en una cláusula con la naturaleza del pensamiento que contiene; el segundo consiste en la analogía que tienen con algún objeto los sonidos empleados para describirlo.

En cuanto a la armonía imitativa debe saberse que las cosas que pueden ser imitadas por medio de los sonidos son 1º otros sonidos; 2 0, el movimiento sensible de los cuerpos; y 3º las conmociones del ánimo, o sea las pasiones.

Por la reunión de ciertas palabras y su combinación podernos imitar bien algunos sonidos. Esta clase de ¡mitación se llama onomatopeya.

Los poetas pueden darnos idea del movimiento por medio de sonidos que en nuestra imaginación tengan con él alguna analogia. Así, las sílabas largas y la abundancia de acentos dan idea de un movimiento pausado, como en los siguientes versos, relativos al andar de los bueyes:

«Que con paso tardio y perezoso con gran trabajo va trazando un zurco..>

Hay sílabas breves y otros accidentes con que puede representarse felizmente un movimiento rápido, como el del siguiente pasaje:

«.. La bandera que al aire desplegada va ligera>.

 
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