Realismo
Texto de: Retórica y Poética.
Quien compone obras de imaginación puede idealizar los objetos y los sentimientos por diferentes medios. Puede descartar todo lo vulgar y lo repugnante que tendría cabida en sus narraciones y en sus descripciones; aglomerar las cosas bellas que en las mismas descripciones y narraciones puedan entrar, aunque la naturaleza no las haya presentado reunidas; atribuír a las cosas causas y efectos imaginarios; prestar inteligencia, palabra y sensibilidad a seres de cualquier especie; reducir las ideas a imágenes; valerse de los tropos y de las formas retóricas y poéticas.
Del que no hecha mano de tales medios para componer dramas o novelas, y pinta en ellos la naturaleza en toda su verdad sin idealizar nada, se dice que es realista. El sistema o modo de escribir de los realistas se llama realismo.
Las producciones de los realistas, a pesar de hallarse desnudas de todo aquello con que el arte sabe realzar la belleza y aun comunicársela a lo que carece de ella, pueden agradar porque el hombre se deleita naturalmente en contemplar cualquier imitación bien hecha, ora sea realizada por medio del buril o del pincel, ora por medio de la palabra.
El realismo es, como todos los modos de escribir nuevos, hijo del hastío producido en los hombres de nuestra época por la excesiva abundancia de obras literarias y la destemplada afición a lecturas amenas. Los autores, para ofrecer al público algo nuevo, algo que pueda venderse, adoptan sistemas y modos de escribir, frecuentemente reprobados por el buen gusto.
Los defensores de las obras realistas pretenden que éstas son las más morales porque en ellas se hace contemplar el vicio en toda su deformidad, y de ese modo se le hace aborrecible. Pero aun más repugnante se le puede exhibir y se le ha exhibido en obras no realistas, en las que, para pintarlo y hacerlo odioso, se puede disponer de los mismos medios de que los realistas hechan mano, y además, de otros muchos.
Pero no admitimos que la representación viva de los desórdenes morales sea buen medio de corregir las costumbres. Es demasiada candidez pretender que los hombres (señaladamente los jóvenes) se pongan a sacar consecuencias morales cuando se les hace contemplar el vicio cara a cara Lo natural es que los incentivos de las pasiones perversas que se les ponen delante exciten en ellos esas mismas pasiones. Nada corrompe como los malos ejemplos, ¿y qué es recibir un mal ejemplo, sino contemplar el vicio en algunas de sus manifestaciones?
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