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De los pensamientos
Texto de: Retórica y Poética.

Pensamiento es todo lo que el hombre quiere comunicar cuando habla o escribe.

Todos los pensamientos que han de entrar en una composición deben ser verdaderos, claros, nuevos, naturales, sólidos y acomodados al tono dominante de la obra.

La verdad consiste en que los pensamientos sean conformes con la naturaleza de las cosas.

No siempre ha de exigirse la verdad absoluta. Puede bastar la verdad relativa, que es la conformidad de los pensamientos con las cosas cuales deben ser, admitida cierta suposicion.

En las obras históricas y en las científicas se exige verdad absoluta. En novelas y dramas basta la relati va. Si un novelista introduce un personaje que no ha existido, y lo hace hablar y obrar como es naturalmente posible que obre y hable, respetará la verdad relativa.

En las composiciones jocosas no siempre se puede condenar la falsedad de los pensamientos.

Puede servir de ejemplo de pensamientos falsos este de Cervantes (Quijote, parte 1, Capitulo 27): «Y en entrando por estas asperezas, del cansancio y del hambre se cayó mi mula muerta; o, lo que yo más creo, por desechar tan inútil carga como en mi llevaba»,

Los pensamientos son claros cuando el oyente o el lector puede entenderlos sin esfuerzo.

Pensamientos profundos son los que inducen a meditar.

No por ser profundo un pensamiento debe dejar de ser claro.

Los pensamientos profundos introducidos oportunamente, hermosean una composición. Los oscuros, los, confusos, los embrollados y los enigmáticos, deben desecharse.

Cítase como pensamiento profundo aquel de Virgilio, (ocasionalmente traducido por Bello):

«Aleccionado por mi propia pena Aprendí a condolerme de la ajena».

Pensamientos nuevos son los que no han sido empleados por nadie; y también los que, habiéndolo sido por alguno, se presentan con forma nueva.

Los que carecen de novedad se llaman vulgares y -triviales.

Horacio, teniendo que expresar que todos hemos de morir, dio ejemplo de cómo puede darse novedad al pensamiento más trivial, diciendo: «La pálida muerte toca igualmente a la puerta de la cabaña del pobre y a la de los alcázares de los reyes».

Pensamientos naturales son los que nacen del asunto sobre que versa la composición.

-Pensamientos violentos. forzados o estudiados (de los que debe huírse siempre) son los que parecen haber sido hallados con esfuerzo.

Hay también pensamientos agudos, finos y delicados, los cuales pueden agradar si se emplean con moderación y con oportunidad.

Difícil es distinguir bien unas de otras estas diferentes clases de pensamientos. De los finos se puede decir con cierto autor, que son aquellos que no muestran el objeto sino por un punto de vista, a fin de que al lector le quede el placer de adivinar algo.

Pensamientos ingeniosos (que se diferencian poco o láda de los agudos) son los que suponen en quien los emplea la facultad llamada penetración.

El exceso de ingeniosidad en los pensamientos los ha llegar a ser sutiles o alambicados, y por consiguiente oscuros.

Ejemplo de pensamiento natural, tomado de Garcilaso (Egloga III).

«Flérida, para mí dulce y sabrosa, Más que la fruta del cercado ajeno; Más blanca que la leche y más hermosa Que el prado por abril de flores lleno>.

Aquí todo es natural y aun fácil; pero aquello de más .sabrosa que la fruta del cercado ajeno, es, además ingenioso.

El mismo poeta (Egloga 1) hace decir o un pastor, hablando de su rival:

«Y, cierto, no trocara mi figura Con ese que de mi está riendo; ¡Trocará mi ventura!»

Esto es natural y fino. Delicado y natural e: aquello de Virgilio en su Egloga llI:

«Tírame una manzana Galatea jugando, y en los sauces va a esconderse, y déja, antes de entrar, que yo la vea».

De lo profundo, fino y delicado ofrece un ejemplo el mismo Virgilio (Eneida, libro IV), cuando dice que Dido, atravesado ya el pecho, levanta los moribundos ojos,

«Busca en el cielo luz, y al verla gime>.

Veamos un ejemplo de pensamiento sutil, tomado de la Egloga Tirsis, de Francisco de la Torre:

«Las aguas aumentaba con las que derramaba

Tirsis cuitado, de quien es temida, más que la muerte, su cansada vida, cuya probada y rigurosa suerte lo acrecienta la vida por la muerte>

Que Tirsis terne más su cansada vida que la muerte, es pensamiento sutil. Que su suerte le acrecienta la vida por la muerte, es alambicado.

Pensamientos sólidos son los que prueban lo que el autor intenta. Los que no lo prueban se llaman fútíles.

Ejemplos de pensamiento fútil. Un escritor, queriendo persuadirnos de cuánto debemos contener nuestra lengua, alega por razón que ella está en parte muy húmeda, y fácilmente se desliza; y para demostrar que conviene oir mucho y usar con circunspección de la lengua y de los ojos, da la razón siguiente: «La naturaleza puso puertas a los ojos y a la lengua, y dejó abiertas las orejas para que a todas horas oyesen.

Los pensamientos son acomodados al tono dominante de la composición en que se introducen, si en las destinadas a agradar, esto es, a producir impresiones apacibles, son bellos; en las de tono elevado, sublimes, y en las jocosas, graciosos, chistosos, etc.

Pensamientos bellos son los que producen una sensación apacible, semejante a la que nos causa la vista de un objeto físicamente hermoso.

Todo pensamiento ha de ser bello, en su género, cualquiera que sea la clase a que pertenezca.

Sublimes son los que sobrecogen y arrebatan el ánimo con una admiración semejante a la que excita la contemplación de las escenas grandiosas o terribles de la naturaleza.

Cítanse como pasajes sublimes, entre otros muchos, el Sea la luz del Génesis; el Y enmudeció la tierra en su presencia, del libro de los Macabeos, con relación a Alejandro Magno; el de Homero (Ilíada, libro XVII) cuando hace decir a Ayax:

«Líbra. ya, padre Jove, a los Aquivos de niebla tan oscura, haz que veamos sereno el cielo, y a la luz del día destrúyenos a todos, si te place».

Llámase pasaje sublime aquel en que se acumulan varios pensamientos sublimes.

 
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