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Después de La dificultad de las cosas Mauricio Bernal vuelve a sorprendernos con una novela osada. En esta oportunidad una simple pero libertaria acción es suficiente para recordarle a Santiago Buscáceres —un profesor de historia de provincia, que está sumergido en una vida mediocre— que más allá de sus indisciplinados alumnos de colegio, una esposa e hijos que le resultan indiferentes y sus rutinarias partidas de parqués, existe la posibilidad de algo más, quién sabe qué. La búsqueda egoísta de ese algo |
que lo libre de ser otro eslabón en la cadena, conducirá a este personaje por caminos sinuosos, entre pasajes de avión de primera clase y cuartos de hotel con servicios de televisión por pago. Así, lo que va a descubrir una vez abandona su pequeña burbuja doméstica es que no puede escapar del tópico, del lugar común, de la insatisfacción, y sobre todo de sí mismo. Esta novela, donde campean el cinismo y el escepticismo, nos recuerda el espíritu de las obras de Melville, de Kafka, de Tarantino. |