Las fronteras azules de Colombia

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Presentación.

 

Providencia vivir en Paz.

 

Mario Calderón Rivera
Gerente General - Banco Central Hipotecario.

El Banco Central Hipotecario ha estado presente en el Archipiélago colombiano por largo tiempo. Desde el primer momento, esa presencia significó mucho más que la simple prolongación de una esfera de influencia institucional. Las Islas son parte vital de nuestra historia y componente vivo de nuestro patrimonio cultural y físico. Aproximarse a ellas por la vía de la identidad plena con nuestros valores esenciales resulta, sin duda, uno de los ejercicios más gratificantes. La publicación de esta obra magistral de Hernán Díaz cumple cabalmente con ese ideal de inmersión en lo entrañablemente propio.

Como toda expresión de belleza pura, el testimonio singular de este gran maestro del arte colombiano abre las puertas a un universo en que la plenitud de nuestros sentidos puede llegar a recrearse.

La acción que el Banco Central Hipotecario ha venido desplegando en el Archipiélago señala primordialmente hacia la afirmación de la armonía deseable entre el hombre y la naturaleza circundante. Es posible que ninguna región colombiana haya mantenido una pureza comparable a la que distinguió secularmente la relación entre las gentes de las Islas y la sin igual riqueza de su geografía. Una muestra palpable de esa realidad estimulante está en la arquitectura isleña, que se confunde armoniosamente con los repliegues de su paisaje. Forzoso es reconocer que aquella rara simbiosis llegó a romperse lastimosamente en las formas extravagantes que invadieron a San Andrés durante lo corrido de esta segunda mitad de centuria. Sin embargo, el fascinante encanto de La Loma y de San Luis y el mágico contorno de Providencia, tanto como los rasgos característicos de las dos Islas y de todo el Archipiélago, mantienen su inmanencia. Y presidiendo todo aquello, la más hermosa expresión humana en la exultante alegría y en la belleza cautivante de sus pobladores nativos.

La lente inspirada de Hernán Díaz ha captado maravillosamente los elementos de esa realidad humana y física. Hay allí un homenaje a una parte esencial de la Nación, pero también un mensaje inequívoco a la conciencia de cada colombiano y a la propia atención desaprensiva de¡ extranjero, sobre lo que representa el Archipiélago como pieza de la geografía patria y al mismo tiempo como hito altamente deseable para las corrientes turísticas del mundo. Lograr de alguna manera estos objetivos constituiría, sin duda, suficiente justificación para este libro.

 

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