Grau

El pequeño viaje del Barón Von Humboldt

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Presentación


 

Texto de Enrique Grau

Un dia senti que no conocía a Colombia.

No a la Colombia con sus capitales de provincia o a la Cartagena de las viejas murallas y recuerdos familiares o la Bogotá de años después con su nueve de abril o aquel país que se cubrió de violencia y sangre, no.

Lo que sentí que no conocía era otra cosa.

¿De qué está hecha una roca en la Guajira o qué se siente ante un árbol de caucho en el Amazonas? ¿Cómo se puede fotografiar el nacimiento ficticio de los cangrejos o describir el miedo que se siente ante los espantos que asustan a los viajeros? Había que ver todo eso con ojos nuevos, ver todo como si fuese la primera vez. Había que dibujar y contar, crear y plagiar para encontrar lo inesperado y lo real.

Y ante esta necesidad, me acordé de aquellos viajeros europeos que se maravillaron ante los espejismos de nuestro Trópico, de las largas narraciones para describir esas experiencias, del goce que tuvieron al dibujar unas matas de plátanos. Del sentir que a la mañana siguiente irian a deslumbrarse, escribir y dibujar otras cosas en otros sitios.

Y así fue saliendo lentamente una serie de páginas que, un poco ingenuamente, comencé a numerar como las láminas de nuestra Expedición Botánica.

Costumbre que fui perdiendo a medida que mi diario, El Pequeño Viaje del Barón Von Humboldt, fue cobrando realidad.

Comencé por Antioquia, seguí por la Guajira y así, sin ruta fija, seguí dibujando y pintando sin orden ni cronología.

P. D. En esta edición del Diario no se han reproducido todas las láminas ni se han acabado todos los viajes.

 

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